miércoles, 8 de julio de 2026

En un hermoso sueño



Hoy te volví a ver, pero esta vez fue en mis sueños.

Tu sonrisa brillaba más que nunca y tus manos se sentían tan cálidas entre las mías, como si el tiempo jamás hubiera pasado. Nuestra conversación fue distinta a todas las anteriores; ya no había silencios incómodos ni palabras que se quedaran atrapadas en el corazón. Solo estábamos tú y yo, mirándonos como antes.

Tu mirada, tan dulce y tan tierna como siempre, se perdía en mis ojos mientras repetías una y otra vez cuánto habías anhelado volver a vivir un momento así a mi lado.

En ese sueño ya no éramos dos desconocidos que el destino volvió a cruzar. Volvimos a ser nosotros. Los de antes. Aquellos que le rogaban al tiempo que se detuviera para regalarles unos segundos más de ese amor que siempre sintieron suyo.

Caminamos sin prisas, sin preocupaciones, como si el mundo hubiera dejado de existir. Un café fue el testigo silencioso de cada palabra, de cada sonrisa y de cada confesión que guardamos durante tanto tiempo. Más tarde, un atardecer se convirtió en el único espectador de aquel beso tan tierno que posaste sobre mis labios.

Fue tan real... tan inmensamente real... que no quería despertar.

Volví a sentir aquellas emociones que solo tú sabías despertar en mí; esa paz, esa felicidad y ese amor que creía dormido en algún rincón de mi alma.

Pero los sueños, como casi todo lo hermoso, también terminan.

Cuando comprendí que el amanecer estaba a punto de arrancarte de mis brazos, me despedí de ti con un abrazo tan fuerte que deseé, con todas mis fuerzas, que tu perfume quedara impregnado para siempre en mi piel.

Entonces acercaste tus labios a mi oído y, con la misma ternura con la que solías hacerlo, me susurraste:

"Jamás dejaré de amar a mi eterna niña. No te alejes de mí... aquí estaré siempre para ti."

Desperté con el corazón acelerado y con los ojos llenos de lágrimas. Durante unos instantes no supe distinguir si había estado soñando o si, por un capricho del destino, el universo me había permitido volver a encontrarte una vez más.

Dicen que cuando soñamos con alguien es porque esa persona se durmió pensando en nosotros o porque, en el silencio de su corazón, todavía nos extraña.

No sé si será verdad...

Pero, si así fuera, me gustaría pensar que, aunque la vida nos haya llevado por caminos diferentes, hubo un instante, en algún lugar entre tus sueños y los míos, en el que volvimos a encontrarnos... y a amarnos como siempre lo hicimos.

Hoy te volví a ver

 

Hoy te volví a ver. Después de tantos años, y aunque durante mucho tiempo me convencí de que ya eras un capítulo cerrado de mi vida, hoy entendí que estaba equivocada.

Aquellas mariposas que creía dormidas, atrapadas en un largo invierno, despertaron de pronto y revolotearon dentro de mí como si hubiese llegado la primavera más hermosa. Por un instante, me hicieron volver a ser aquella niña que conociste, la que se refugiaba en una nube de terciopelo cada vez que la llamabas "mi niña"; esa niña que se sentía la mujer más afortunada del mundo al recibir una carta escrita por ti, al escuchar una canción que llevaba su nombre entre los versos o al descubrir que, una vez más, la luna había sido testigo silencioso de un amor que aprendió a vivir entre la distancia y la esperanza.

Hoy nos encontramos en otra realidad. La vida nos llevó por caminos distintos, nos cambió, nos puso frente a pruebas, alegrías y heridas que terminaron moldeándonos. Sin darnos cuenta, el tiempo siguió su curso y nos convirtió en dos personas diferentes. Pensé que todo había quedado guardado en el rincón de los recuerdos, sostenido únicamente por la nostalgia. Pero bastó con volver a cruzar nuestras miradas para que, por un instante, el tiempo dejara de existir. Fue como regresar a aquel lugar donde alguna vez fuimos felices, donde nos pertenecíamos sin promesas ni condiciones, simplemente porque el amor bastaba.

Sin embargo, el presente no tardó en recordarnos la verdad. La madurez nos enseñó que hay historias que, aunque nunca terminan de irse del corazón, ya no tienen un lugar en la vida que hoy construimos. Comprendimos que ya no eres solo mío, como yo tampoco soy solamente tuya. Apenas nos permitió estrechar nuestras manos en un saludo cordial, con esa extraña sensación de dos personas que alguna vez conocieron hasta el último rincón del alma del otro y que hoy apenas pueden intercambiar una sonrisa.

Me fui con el corazón lleno de recuerdos y con una certeza que dolió aceptar: hay amores que nunca dejan de sentirse, pero que pertenecen únicamente al tiempo que los vio nacer. Y aunque volver a verte despertó una parte de mí que creía dormida para siempre, también entendí que algunas historias son demasiado hermosas para repetirse. Solo pueden vivirse una vez y, después, aprender a guardarlas con amor, gratitud y un poco de melancolía.

Porque hay encuentros que no llegan para cambiar el presente, sino para recordarnos que, aunque el tiempo pase y la vida siga su curso, existen personas que siempre tendrán un lugar irremplazable en el corazón.